Hoy en día, marcarse la piel se ha vuelto algo totalmente normal. Ya sea que busques un simple adorno para quedar bien en las fotos o que quieras plasmar un sentimiento profundo y visceral, el arte del tatuaje ha calado hondo en todas las capas de la sociedad, y por supuesto, los focos de Hollywood no se han quedado atrás.
Los famosos no solo siguen la corriente, sino que a veces llevan la tinta al extremo, gastando fortunas en diseños que cuentan historias sobrecogedoras, románticas o directamente bizarras. Hay piezas que son auténticos monumentos al amor y otras que, tras una ruptura, se convierten en el recordatorio de un error garrafal.
Homenajes cargados de emoción y tragedia
Hay tatuajes que nacen del dolor para intentar sanarlo. Un ejemplo claro es Ariana Grande, quien lleva una pequeña abeja detrás de su oreja. Este diseño no es casualidad, sino un tributo a la ciudad de Manchester y a las víctimas del atentado ocurrido en uno de sus conciertos; la abeja es el símbolo del trabajo duro de esa comunidad.
Por otro lado, Rihanna optó por la figura de la Diosa Isis bajo el pecho, viendo en esta entidad protectora la imagen perfecta de su abuela, a quien consideraba la gran madre de su familia.
La superación personal también tiene su espacio en la piel. Demi Lovato, tras sobrevivir a una sobredosis que casi le cuesta la vida, se grabó la palabra Survivor en el cuello, recordándose a sí misma que es una luchadora.
En una línea similar, Selena Gomez se tatuó la fecha de su trasplante de riñón junto a Francia Raísa, la amiga que le donó el órgano, sellando así un vínculo de vida y gratitud que superó incluso sus peleas pasivas.
El amor, el desamor y las correcciones desesperadas
Si hablamos de tatuajes que cuentan una historia de amor (y desastre), Johnny Depp es el rey absoluto. Sus modificaciones son legendarias: el famoso «Winona Forever» terminó convirtiéndose en Wino Forever tras su ruptura.
Lo mismo ocurrió con Amber Heard, donde la palabra «Slim» pasó a ser «Scum» (escoria) y finalmente Scam (engaño), demostrando que el actor usa su cuerpo como un bloc de notas editable según su estado sentimental.
No todos los tatuajes amorosos son tan caóticos. Victoria Beckham lleva las iniciales de David en su muñeca, y Eva Longoria luce el número nueve en su espalda, haciendo honor al dorsal de su marido Tony Parker. En un tono más místico, Charlize Theron y su madre comparten un pez Koi en el tobillo, un gesto de unión familiar muy discreto.
Cine, series y hermandades imborrables
Muchos actores deciden que el final de un rodaje no sea el final de la relación con sus compañeros. El reparto de El Señor de los Anillos, incluyendo a Elijah Wood y Viggo Mortensen, se tatuaron el número nueve en élfico para representar la Comunidad del Anillo. Lo mismo ocurrió con el elenco de Vengadores: Infinity War, quienes se marcaron un símbolo compartido como recuerdo de la saga.
En el caso de Game of Thrones, Maisie Williams y Sophie Turner inmortalizaron la fecha en que fueron elegidas para sus papeles. Otros, como Mario Casas, usan su cuerpo como un catálogo de su filmografía, con tatuajes que hacen referencia a películas como ‘Adiós’ o ‘Instinto’. Incluso Bryan Cranston y Aaron Paul, de Breaking Bad, llevan marcas relacionadas con la serie, como la frase No half-measures en el caso de Paul.
Tatuajes exóticos, culturales y algunas locuras
Hay quien busca conectar con sus raíces. Jason Momoa luce un complejo diseño tribal que representa su escudo familiar samoano y la protección de los suyos. Angelina Jolie es quizás una de las más eclécticas: lleva un mantra budista de protección en el omóplato y un tigre de Bengala en la espalda baja, realizado con la técnica ancestral handpoke en Bangkok utilizando bambú y aguja.
Brad Pitt ha demostrado ser un conocedor de la historia al tatuarse la silueta de Ötzi, la momia del hielo, mientras que Chris Hemsworth lleva runas escandinavas dedicadas a su mujer e hijos. No podemos olvidar a Megan Fox, que tiene una cita de Shakespeare sobre mariposas doradas en la espalda, o Evan Rachel Wood con versos de Edgar Allan Poe.
Cuando la tinta se vuelve cuestionable
A veces, la impulsividad gana y el resultado es, cuanto menos, curioso. Hay celebridades que se han hecho tatuajes que dejan a cualquiera boquiabierto. Desde Kendall Jenner, que tiene un meow dentro del labio, hasta Amanda Seyfried, que se tatuó la palabra «minge» (término coloquial para el vello púbico). También tenemos casos como el de Cara Delevingne con sus ojos que todo lo ven, o Katy Perry con Hello Kitty en un dedo.
Otras opciones más ligeras incluyen a Miley Cyrus con una hoja de marihuana en la pierna, o Liam Hemsworth con la palabra «Vegemite», su comida favorita. Al final, ya sea un mapa de coordenadas con los lugares de nacimiento de sus hijos, como hace Angelina Jolie, o una pequeña runa de querer es poder como la de Elsa Pataky, el cuerpo de los famosos es un libro abierto.
La piel de las estrellas es un reflejo de sus vivencias, donde conviven el arte sagrado, el recuerdo de amistades inquebrantables y esos impulsos momentáneos que terminan siendo anécdotas divertidas.
Desde los diseños más sofisticados y significativos hasta las decisiones más extravagantes, el tatuaje en Hollywood sigue siendo la forma favorita de expresar quiénes son y por dónde han pasado.