Rufián, un perro de 4 cuatro años y de unos 40 kilos de peso, agonizó durante varias horas antes de morir. Era un compañero muy querido, conocido y consentido por los vecinos de la colonia Condesa, en Ciudad de México. El perro paseaba con su dueño por el parque España el pasado martes cuando comió algo que encontró tirado por el camino y comenzó a sentirse mal unos minutos más tarde. Sofía Lozoya, su otra dueña, recuerda que Rufián estuvo unos 40 minutos convulsionando mientras le salía espuma de la boca. “Si sobrevivía, no sabemos qué iba a pasar y cómo iba a quedar. Me decían que tal vez iba a sobrevivir, porque llevaba muchas horas y no se había muerto y no había tenido ningún paro, y teníamos muchas esperanzas, pero se empezó a desangrar por todos lados. Porque este veneno es lo que causa, al parecer. Empiezan las convulsiones y después terminan en hemorragia interna”, recuerda Lozoya.
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