
No es ningún secreto que la prosperidad de una nación es un mosaico que no puede medirse únicamente a través del crecimiento económico bruto o el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita. El progreso real de una sociedad radica en su capacidad para ofrecer a sus ciudadanos libertades individuales, seguridad, redes de apoyo comunitario y acceso a servicios esenciales de alta calidad.
