
La hija de Jesulín de Ubrique y María José Campanario ha vuelto a poner en el centro del huracán mediático su particular relación con los tatuajes y, de paso, con Belén Esteban. Juls Janeiro ha compartido con sus seguidores el momento en el que acude a una sesión de láser para eliminar el llamativo 666 que luce en el escote, un diseño que ha sido objeto de todo tipo de comentarios desde que lo mostró por primera vez. Pero lo que podría parecer una simple despedida de un tatuaje polémico se ha convertido en una nueva provocación, porque la joven no tiene ninguna intención de borrarlo para siempre.
“Me voy a quitar el tatuaje que tanto odiáis”, comienza diciendo en un tono desenfadado, pero enseguida desvela el truco: “Me lo voy a volver a hacer, lo que pasa es que no lo vais a ver más para que no me critiquéis y me llaméis satánica”. La nueva ubicación elegida no ha pasado desapercibida: el trasero, exactamente donde Belén Esteban lleva tatuado el famoso Toro de Osborne desde hace años. Un guiño que inevitablemente reaviva la rivalidad y los dimes y diretes entre ambas, que llevan semanas protagonizando una guerra abierta en los medios y las redes sociales.
El proceso de eliminación y el nuevo diseño
Juls Janeiro ha querido mostrar con total naturalidad el proceso al que se está sometiendo. En el vídeo compartido en sus perfiles, se la ve acudiendo a su centro de estética habitual con cierto nerviosismo. “Señores, me voy a quitar el tatuaje que tanto odiáis”, suelta entre risas, antes de reconocer que la sesión no le resulta nada agradable: “Yo me he cagado, te lo digo. Yo de los nervios”. A pesar de eso, la influencer tiene claro que no se despide para siempre de este símbolo.
Según ha explicado, su intención es volver a tatuarse el mismo número, pero con algunos cambios para que quede “exactamente como quiero”. “Después de tantos años he decidido que… efectivamente, me lo voy a volver a hacer pero esta vez quiero hacerlo bien, cambiar algunas cositas y que quede exactamente como quiero”, aclaró en otro mensaje. La decisión de trasladarlo a una zona más íntima responde a su deseo de evitar las críticas que ha recibido durante años, especialmente por las connotaciones que algunos le atribuyen al número 666.

El paralelismo con Belén Esteban y el Toro de Osborne
El detalle de la ubicación no es casualidad. Belén Esteban lleva años luciendo el Toro de Osborne en su trasero, un tatuaje que se ha convertido en parte de su identidad televisiva. Que Juls Janeiro elija exactamente esa misma zona para reubicar el 666 es, como no podía ser de otra manera, un nuevo episodio de una guerra que no parece tener fin.
Las hostilidades se recrudecieron hace pocas semanas cuando Juls cuestionó a la colaboradora en pleno debate sobre los nepo babies. La hija de Jesulín llegó a publicar en sus perfiles mensajes contundentes como “Eres un meme televisivo, cariño. No eres el ombligo del mundo” y defendió a su familia asegurando que “al menos mis padres tienen respeto y clase”. También negó la versión de Esteban sobre la supuesta ausencia de Jesulín de Ubrique en la vida de su primogénita, afirmando que “aquí hay dos versiones de la historia, solo se ha escuchado una”.
Belén Esteban, lejos de quedarse callada, respondió con su característico estilo. La colaboradora rebajó la tensión tildando el cruce de acusaciones como un “juego de Jumanji que aparece cada 120 años” y defendió que “llevamos 27 años con mi historia”, insistiendo en que solo se ha conocido una versión de los hechos. Aunque evitó entrar en descalificaciones personales por respeto a la relación que mantiene con la hija pequeña de Jesulín, dejó claro que “sé por dónde van”.
Un movimiento estratégico en redes sociales
El anuncio de la eliminación del tatuaje ha coincidido con una serie de movimientos estratégicos en sus redes sociales. Juls compartió una captura de un grupo familiar de WhatsApp titulado “mae” y “papito” en el que advertía a sus padres sobre una fecha importante para su próximo movimiento: “El martes os quiero a todos atentos”. La respuesta de su entorno no se hizo esperar, con mensajes de apoyo como “Qué bien” y “oleeee”, junto a emoticonos de celebración.
Este tipo de acciones demuestran que la joven sabe perfectamente cómo mantener la atención mediática. El retoque físico se presenta como una renovación personal justo en un momento en el que su nombre aparece constantemente en las portadas por su enfrentamiento con Belén Esteban. Al elegir el trasero como nueva ubicación, consigue que la conversación gire de nuevo hacia la colaboradora y hacia una rivalidad que lleva años alimentándose con indirectas, declaraciones y gestos que no dejan indiferente a nadie.
La polémica no afecta solo a las protagonistas, sino que implica a sus respectivas familias. Juls ha defendido en todo momento a su padre, Jesulín de Ubrique, y a su madre, María José Campanario, mientras que Belén Esteban cuenta con el apoyo de su entorno más cercano. Entre medias, la relación con la hermana pequeña de Juls, hija de la colaboradora, añade un plus de complejidad a un conflicto que parece destinado a alargarse en el tiempo.
Mientras tanto, los seguidores de la influencer esperan con curiosidad ver el resultado final del nuevo tatuaje y, sobre todo, conocer si realmente se atreve a mostrarlo en público o si, como ella misma ha anunciado, lo mantendrá en un lugar mucho más discreto. Juls Janeiro ha dejado claro que no tiene miedo a la controversia y que su decisión responde a un deseo de renovación personal, aunque no descarta seguir provocando a su archienemiga televisiva con este tipo de detalles. Lo que está claro es que su nombre volverá a estar en boca de todos durante las próximas semanas.
Después de años de críticas, indirectas y reproches, la eliminación del 666 se convierte en un símbolo de una nueva etapa, pero no de una reconciliación. La joven ha convertido su propio cuerpo en un campo de batalla mediático y no duda en utilizar cada tatuaje o cada movimiento estético como arma arrojadiza. El tiempo dirá si este gesto sirve para cerrar heridas o si, por el contrario, abre una nueva herida en una guerra que lleva años instalada en los medios de comunicación españoles.
